Un potenciómetro es una resistencia de valor variable. Podemos darnos
cuenta de su gran utilidad con un ejemplo muy simple: si suponemos que tenemos
una fuente de alimentación que genera un determinado voltaje estable, y tenemos
presente la Ley de Ohm (V = I · R), podemos ver que si aumentamos de valor la resistencia
R, a igual voltaje la intensidad de corriente que pasará por el circuito
inevitablemente disminuirá. Y al contrario: si disminuimos el valor de R, la
corriente I aumentará. Si esta variación de R la podemos controlar nosotros a
voluntad, podremos alterar como queramos la corriente que circula por un circuito.
De hecho, un uso muy habitual de los potenciómetros es el de hacer de divisores
de tensión progresivos, con lo que podremos, por poner un ejemplo, encender o
apagar paulatinamente una luz a medida que vayamos cambiando el valor de R.
Un potenciómetro dispone físicamente de
tres patillas: entre las dos de sus extremos existe siempre un valor fijo de
resistencia (el máximo, de hecho), y entre cualquiera de esos extremos y la
patilla central tenemos una parte de ese valor máximo. Es decir: la resistencia
máxima que ofrece el potenciómetro entre sus dos extremos no es más que la suma
de las resistencias entre un extremo y la patilla central (llamémosla R1), y
entre la patilla central y el otro extremo (llamémosla R2). De aquí se puede
pensar que un potenciómetro es equivalente a dos resistencias en serie, pero la
gracia está en que en cualquier momento podremos modificar el estado de la
patilla central para conseguir aumentar la resistencia de R1 (disminuyendo como
consecuencia la resistencia R2, ya que el valor total máximo sí que permanece constante)
o bien al contrario, para conseguir disminuir la resistencia de R1 (aumentando
por lo tanto la resistencia R2 automáticamente).
La manera concreta de alterar el estado
de la patilla central del potenciómetro puede variar y suele depender de su
encapsulamiento físico, pero por lo general suele consistir en el
desplazamiento de un cursor manipulable conectado a dicha patilla. Podemos
encontrarnos potenciómetros de movimiento rotatorio como los del control de
volumen de la mayoría de altavoces, o de movimiento rectilíneo como los que se
utilizan en las mesas de mezcla de sonido, entre otros. En la imagen mostrada
anteriormente se puede ver uno de movimiento rotatorio.
También existen potenciómetros de tipo
digital: estos son chips que constan de diferentes patillas a través de las que
se puede controlar mediante pulsos eléctricos los valores extremos de la
resistencia y su valor intermedio. Un ejemplo es el componente DS1669 de Maxim.
La clasificación más interesante, no obstante, viene a la hora de
distinguir el comportamiento que tiene un potenciómetro en el momento que
modificamos el estado de su patilla central (es decir, cuando “es movida”). Si
el potenciómetro tiene un comportamiento llamado “lineal”, la alteración del
valor de su resistencia es siempre directamente proporcional al recorrido de la
patilla central: es decir, si desplazamos por ejemplo la patilla un 30% se
aumentará/disminuirá la resistencia un 30% también. Por el contrario, si el
potenciómetro tiene un comportamiento “logarítmico”, la alteración del valor de
su resistencia será muy leve al principio del recorrido de la patilla (y por
tanto, habrá que realizar un gran desplazamiento de esta para obtener un cambio
apreciable de resistencia) pero a medida que se siga realizando más recorrido
de la patilla, la alteración de la resistencia cada vez será proporcionalmente
mayor y mayor, hasta llegar a un punto donde un leve desplazamiento producirá
una gran cambio en la resistencia. Los potenciómetros logarítmicos son
empleados normalmente para el audio, ya que el ser humano no oye de manera
lineal: para experimentar por ejemplo una sensación acústica de “el doble de
fuerte”, es necesario que el volumen físico del sonido sea unas diez veces
mayor.


